ANIMAL POLÍTICO

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KJ

Ángel Yuing Sánchez

“Tapachula, es escudo silencioso, la guerra que viene”

Ni la burlan perdonan a algunos de mis amigos. Y así, tal como son, los quiero.

Viajé a Tapachula a Ciudad Salud por unos estudios urgentes al área de cancerología. Al medio día, me sentí entre el calor y la ansiedad de lo que pueda pasar con mi vida, decidí sentarme a tomar un agua de horchata de coco en uno de los negocios ubicados en el área de cafetería del parque.

Ahí me identificó un viejo amigo y sin decir agua va, se acercó y me dijo: ¿es cierto que van a pagar en dólares? Sinceramente yo esperaba algunas palabras de aliento pero ante mi silencio agregó: no se te quita lo mamón, bien me dijeron que andas con los chinos… Dibujé una sonrisa y caí en la cuenta: “no pendejo”, yo ya estoy fuera de todo, vine por unos estudios. Entonces me quedó viendo fría y calculadoramente y agregó: ¿cómo ves las cosas?

Por un momento juro que me olvidé del diagnóstico de cáncer y puso sobre la mesa mis cartas:

Es el escudo que nadie quiere explicar

Inteligencia, frontera y una guerra que todavía no comienza, pero que algunos ya están preparando

Tú sabes que hay historias que se cuentan mal porque se entienden mal.

Y hay otras que se cuentan mal porque alguien prefiere que la sociedad mire hacia otro lado.

Lo que está ocurriendo alrededor de Tapachula y la frontera sur merece mucho más que titulares sobre supuestos “espías” extranjeros caminando por las calles.

La discusión real es otra.

¿Estamos ante la construcción silenciosa de un dispositivo regional de inteligencia alrededor de México?

En las últimas horas han hecho circular información sobre la presencia de agentes vinculados con agencias estadounidenses y sobre una presunta concentración de personal dedicado a labores de inteligencia en la frontera entre México y Guatemala.

La prensa local ha comenzado a presentarlo como una especie de invasión de espías.

– Y ahí comienza el problema, interrumpió mi amigo con la autoridad de un profesional casi retirado.

Porque el mundo -retomé- de la inteligencia no funciona como en las películas.

No necesariamente estamos hablando de agentes enviados formalmente por 15 gobiernos para instalarse en Tapachula con una misión diplomática.

La realidad puede ser mucho más sofisticada.

En los conflictos contemporáneos existen contratistas, especialistas, operadores privados y personal reclutado para misiones específicas. Personas cuya nacionalidad puede ser secundaria frente a su experiencia, capacidad operativa y resultados.

El activo no siempre lleva uniforme.

Y tampoco necesita portar una credencial que diga “espía”.

Puede ser un especialista en inteligencia, análisis de información, vigilancia, ciberseguridad, logística, comunicaciones, identificación de objetivos o seguimiento financiero.

Por eso reducir todo esto a “150 espías de 15 países” no solamente puede ser impreciso.

Puede ser desinformación involuntaria.

Y la desinformación, en materia de inteligencia, también es una herramienta.

El verdadero asunto: el Escudo

Aquí aparece una pieza que no podemos ignorar: el llamado Plan Escudo de las Américas y la discusión geopolítica que se ha desarrollado alrededor de él.

Si México quedó fuera de ese esquema —como se ha señalado públicamente—, entonces debemos preguntarnos qué ocurre cuando un país queda fuera de un mecanismo regional de seguridad mientras, simultáneamente, aumenta el interés estratégico sobre su frontera sur.

Porque existe una diferencia enorme entre estar dentro de un sistema de cooperación y encontrarse rodeado por él.

Un mecanismo de inteligencia no necesariamente necesita entrar a territorio mexicano para observar a México.

Puede establecer capacidades de vigilancia, intercambio de información, seguimiento financiero, monitoreo de comunicaciones, análisis migratorio y coordinación operativa alrededor de la frontera.

Eso es un cerco de inteligencia.

Y un cerco de inteligencia no significa necesariamente una agresión militar.

Significa algo más elemental:

saber antes que el otro qué está ocurriendo.

Quién cruza. Quién llega. Quién sale. Quién financia. Quién transporta. Quién se reúne con quién. Qué organizaciones están creciendo. Qué rutas están cambiando. Qué grupos criminales se están desplazando.

Y, sobre todo, qué ocurre en un territorio considerado estratégico.

No confundamos inteligencia con invasión

Aquí hay que desmontar otro mito.

La presencia de personal especializado extranjero —si efectivamente está ocurriendo en las dimensiones que se señalan— no significa automáticamente que México esté siendo invadido.

Tampoco significa que 15 países hayan decidido mandar ejércitos clandestinos a Chiapas.

Eso sería una lectura demasiado simple.

El verdadero poder de la inteligencia consiste precisamente en no hacer ruido.

En no anunciarse.

En trabajar mediante redes.

En contratar capacidades.

En utilizar información abierta y cerrada.

En cruzar bases de datos.

En observar movimientos financieros.

En identificar actores.

En anticipar escenarios.

Y en entregar resultados dentro del plazo que una misión exige.

Por eso resulta más interesante preguntarnos qué información se está buscando que obsesionarnos con cuántos supuestos espías existen.

Porque el número puede ser anecdótico.

El objetivo no.

¿Una antesala de conflicto?

Aquí es donde debemos ser todavía más cuidadosos.

Hablar de una guerra próxima como si ya estuviera decidida sería irresponsable.

Pero también sería ingenuo ignorar que las grandes potencias preparan escenarios antes de que los conflictos comiencen.

La inteligencia es, precisamente, una de las primeras herramientas utilizadas para preparar esos escenarios.

Antes de mover tropas se construyen mapas.

Antes de construir mapas se obtiene información.

Antes de obtener información se identifican fuentes.

Y antes de cualquier operación militar o de seguridad se necesita saber qué hay al otro lado.

Por eso un incremento de capacidades de inteligencia en torno a una frontera estratégica puede tener múltiples explicaciones: combate al crimen organizado, migración, narcotráfico, tráfico de armas, terrorismo, seguridad energética, control financiero o preparación para escenarios geopolíticos futuros.

No podemos afirmar que exista una guerra inevitable.

Pero tampoco debemos cometer el error contrario:

pensar que la guerra solamente comienza cuando aparecen los soldados.

La guerra moderna puede comenzar mucho antes.

Con información. Con vigilancia. Con presión económica. Con operaciones cibernéticas. Con inteligencia. Con propaganda. Con desinformación. Y con la construcción de alianzas regionales.

Tapachula está en medio

Aquí está el verdadero valor estratégico de nuestra frontera.

Tapachula no es únicamente la puerta de entrada de migrantes.

Es una pieza geopolítica. Está frente a Guatemala. Conecta a México con Centroamérica.

Está cerca de rutas utilizadas por organizaciones criminales.

Es corredor migratorio.

Tiene importancia comercial.

Y se encuentra en una región donde confluyen intereses estadounidenses, centroamericanos y mexicanos.

Por eso debemos dejar de mirar la frontera sur como un problema exclusivamente local.

Lo que ocurre en Tapachula puede tener una lectura internacional.

Y México necesita inteligencia propia.

Inteligencia profesional.

Inteligencia que no dependa de rumores.

Inteligencia que no se construya a partir de filtraciones interesadas.

Inteligencia que conozca quién entra, quién sale y qué intereses se mueven alrededor del país.

Porque si otros están construyendo un escudo de información alrededor de México, la pregunta no es solamente quién está mirando.

La pregunta es:

¿México también está mirando?

Y si lo está haciendo, ¿qué está viendo? ¿La construcción de una arquitectura de inteligencia alrededor de la frontera sur?

Y eso, guste o no, merece una explicación.

No un mito. No una conspiración. No titulares amarillistas de quienes desde un portal de Facebook creen hacer periodismo.

Esto exige un explicación de Estado.

La inteligencia no puede moverse más que silenciosamente alrededor de una frontera, y lo menos inteligente que puede hacer un país es fingir que no está pasando nada.

Mi amigo tiene esa mala costumbre de quedarse domirmo cuando las pláticas se alargan. Así que tome mis estudios, me levanté despacio y lo deje ahí, sentado, intentando inyectarle la idea de su encuentro conmigo solo fue un sueño…

Hace un momento entró a mi celular una llamada desde un número Israel. Contesté. Nadie habló. Ya sé que me están invadiendo.

*Por cierto, yo soy Ángel Yuing Sánchez, y aquí sigo, viendo lo que quiero ver, no lo que quieren que vea. Estamos en línea.

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