A Fuego Lento

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Por: Alberto Ramos García

Sin rodeos y sin eufemismos.

—Y mientras algunos siguen enfrascados en revisar el pasado, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar tiene frente a sí una tarea mucho más grande, sacar a Chiapas del rezago y colocar al estado en una nueva etapa de desarrollo—

Hay que decirlo de frente. Chiapas no se recupera de un sexenio de abandono de la noche a la mañana.

El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha tenido que enfrentar, desde el inicio de su administración, una realidad compleja, un estado que venía de años de rezago, deterioro institucional y múltiples pendientes acumulados.

Y en estos casi dos años de intenso trabajo, el mandatario chiapaneco ha emprendido una ruta distinta, con una premisa que ha repetido desde el principio: recuperar la gobernabilidad, reconstruir las instituciones y devolverle a Chiapas la confianza en su gobierno.

Pero vayamos por partes. Sin rodeos y sin eufemismos.

Respecto al gobierno de Rutilio Escandón Cadenas, habrá quienes quieran construir una narrativa de corrupción generalizada; sin embargo, una cosa es la percepción política y otra muy distinta son las responsabilidades administrativas y jurídicas que deben acreditarse con documentos, auditorías y resoluciones de las autoridades competentes.

Hasta ahora, cualquier señalamiento serio debe sustentarse en investigaciones y procedimientos formales.

De hecho, en el ámbito de las auditorías públicas, resulta indispensable distinguir entre observaciones administrativas, solventaciones, responsabilidades y verdaderas resoluciones por daño patrimonial.

Porque una cosa es salir a señalar y otra muy diferente demostrarlo con pruebas.

Incluso, un exalcalde emanado de Morena de la pasada administración llegó a exhibir públicamente documentación relacionada con una auditoría de la Auditoría Superior del Estado (ASE), argumentando que sus cuentas se encontraban debidamente solventadas.

El tema, entonces, no debería reducirse a discursos políticos.

Que hablen los documentos.

Que hablen las auditorías.

Que hablen las autoridades.

Y mientras algunos siguen enfrascados en revisar el pasado, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar tiene frente a sí una tarea mucho más grande, sacar a Chiapas del rezago y colocar al estado en una nueva etapa de desarrollo.

Su administración ha planteado una forma diferente de hacer política, bajo el principio del Humanismo que Transforma, poniendo en el centro a las personas, la seguridad, el desarrollo regional y la recuperación de la confianza ciudadana.

Porque gobernar no solamente significa inaugurar obras o anunciar programas.

Gobernar significa tomar decisiones difíciles, corregir lo que no funciona y enfrentar los problemas que durante años nadie quiso tocar.

Y ahí está el verdadero desafío de Eduardo Ramírez.

Chiapas necesita resultados, no pretextos.

Necesita seguridad, inversión, infraestructura, empleo, educación, salud y oportunidades.

Necesita que los recursos públicos lleguen realmente a donde tienen que llegar.

Y sobre todo, necesita que la lucha contra la corrupción no sea solamente un discurso, sino una práctica permanente.

El gobernador tiene todavía mucho camino por recorrer.

Pero sería injusto desconocer que recibió un estado con enormes pendientes y que, en estos primeros años de administración, ha decidido imprimirle otro ritmo y otra visión al ejercicio del poder.

El tiempo será el juez definitivo, porque en política las palabras se las lleva el viento.

Las obras permanecen.

Los resultados hablan. Y los documentos, tarde o temprano, ponen a cada quien en su lugar.

Así, A Fuego Lento, pero sin miedo a decir las cosas como son.

Sin rodeos.

Sin eufemismos.

Y sin vender humo.

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