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Sr. López

Somos mexicanos.No lo va a creer, pero, ahí le va: las tías Rita y Pita (Lupita), eran de Autlán, hermanas y mal casadas. El esposo de tía Rita era un ranchero muy rico y generoso pero desinteresado en cumplir sus deberes de varón, se entiende; el de tía Pita era un gran vago pero muy cumplidor, se entiende; a tía Rita el dinero no le interesaba, ella quería guerra, se entiende; tía Pita quería era dinero y sacarse de encima al marido. Cambiaron de esposos. Le dije que no iba a creerlo. Hay gobiernos que dicen mentiras. Sí. Se lamenta abollar su candor.Como nadie miente en perjuicio propio, no es difícil concluir que entre más mentiroso es un gobierno, es más malo, nocivo, falto de cualidades. La verdad les es adversa.Para enfrentar las mentiras oficiales hay un indicador que permite evaluar a los gobiernos: la economía. Los buenos gobiernos resultan en desarrollo económico.Pero lo contrario no es cierto, el avance económico no prueba que un gobierno sea bueno; dos ejemplos: con Hitler, de 1933 a 1939, se respiraba progreso en Alemania; con Stalin, de 1929 a 1941, Rusia creció sideralmente. Los dos fueron gobiernos monstruosos, prueba la historia.Lo ineludible para ser un buen gobierno es garantizar la seguridad pública y jurídica, proteger la propiedad privada, la honestidad, proporcionar o fomentar servicios básicos de salud y educación general. Muy a brocha gorda.Ahora veamos el caso mexicano a muy grandes rasgos. Siendo el virreinato de la Nueva España (nunca fuimos colonia), éramos parte del mayor imperio mundial, su posesión más rica y su motor económico, por mucho, con el 4.2% de la población mundial, éramos el mayor importador del mundo y el segundo mayor exportador de bienes, producíamos el 60% de la plata de todo el mundo, éramos el principal el centro minero del planeta y protagonistas estelares de la primera globalización económica. De la enorme riqueza de la Nueva España, se iba a España el 20% (el quinto real), no nos saqueaban eso es cuento.Quitando a Rusia éramos el país más extenso del mundo, 7 millones de kilómetros cuadrados, España cabía 14 veces en la Nueva España. Al norte eran nuestros California, Nevada, Utah, Arizona, Texas y Nuevo México; al sur, eran nuestro territorio Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica; y de nosotros dependía la administración de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Eso éramos al independizarnos en 1821… en 27 años, perdimos 5 millones de kilómetros cuadrados, estábamos en la miseria y endeudados hasta el copete, por lo que sea, pero eso hicimos a esta patria.El resto el siglo XIX fue de bandolerismo, guerras civiles y atrocidades entre nosotros. ¡Ah!, y arrasamos con la población indígena, en 1821 el 70% de la población eran indios; en cien años eran el 29%. Eso hicimos, nosotros.Y llegó don Porfirio Díaz, de 1877 a 1910. Con seguridad a palos, sin democracia, hubo orden y la economía del país creció enormidades. En el porfiriato el PIB real per cápita creció 2.1% anual; en los EUA era el 2%; en el Reino Unido, el 0.9%; para entrar en escala. El mundo nos miró con asombro. No se atenúa la condición de pobreza y marginación que hubo en el porfiriato entre el campesinado y los obreros. Pero la población pasó de 9.5 millones a poco más de 15.2 millones de habitantes y la expectativa de vida creció cinco años. Algo se hizo bien.Pero los mexicanos somos mexicanos. Llegó la guerra civil que llamamos revolución y todo se derrumbó. Todo. En los diez años que duró ese baño de sangre, la economía retrocedió el 0.3% anual; colapsaron los ferrocarriles y la industria, el campo era campo de muerte, no había moneda, había bilimbiques.Y lo dicho, como los mexicanos somos mexicanos, al término de esa guerra entre bandidos, oportunistas y generalotes, se reconstruyó todo. De 1930 a 1940, se salió de la crisis; de 1940 a 1970, el mundo habló del milagro mexicano, con el 6% sostenido anual de crecimiento del PIB. De 1970 a 1982, hubo una fuerte expansión aquejada de desequilibrio fiscal y dependencia del exterior. Luego, gordas crisis de deuda y reestructuración económica. En 1992 el presidente Salinas con artes desconocidas consiguió que los EUA y Canadá firmaran con México el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), en vigor el 1 de enero de 1994, que transformó a México en una potencia exportadora y ahora, principal socio comercial de los EUA.Ese régimen del priismo imperial, en el año 2000 entregó el poder sin un balazo, con un crecimiento del 6.9%; y a querer o no, a resultas del TLC, el tricolor olvidó su aversión a la democracia, reformó todo, se creó el IFE hoy INE, el Tribunal Electoral, órganos constitucionales autónomos, potentes organizaciones civiles con acceso a la información, real separación de poderes, prensa informada e informando. El PIB creció el 2% promedio anual. La inversión extranjera directa entre 2000 y 2018 promedió arriba de 30 mil millones de dólares anuales. Hubo lugar al optimismo, sí, la esperanza tenía cimiento.Pero los mexicanos somos mexicanos: en 2018 llegó Morena al poder, no, peor, llegó el Peje, simulador, torcido, ávido de revancha y obsesionado en hacerse él a sí mismo, prócer nacional. Y otra vez, todo a mal:La recién nacida estructura democrática del país se desmontó, desaparecieron los órganos autónomos, se colonizó al INE y al Trife, el Congreso está a las órdenes del régimen cuatrotero, el Poder Judicial quedó anulado, se acosa a las organizaciones civiles y a la prensa. La economía se desplomó a menos de la mitad (crecimiento menor al 1% anual del PIB, frente al 2% anterior); la inversión extranjera directa en dinero fresco, se desplomó a menos de la tercera parte (9,958 millones de dólares anuales). Y por encima de todo, se instaló en el país una corrupción estructural-orgánica-oficial nunca vista en 500 años de historia. El mundo reclama.Pero, cuidado señores transformadores de la patria, de muy malas hemos salido, no se les olvide, los mexicanos somos mexicanos.

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