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Sr. López

En nuestras manos.

Tío Marcelo era un gran cínico. Un día regresó temprano a su casa (amaneciendo), y tía Clara lo recibió con una foto de él abrazado a una señora que no era ella, gritándole “¡me engañas!”, y -contado por ella-, el tío respondió muy tranquilo: -Pues sí, sería falta de respeto contarte mis cosas -y a dormir. Ya viejita y muy viuda, decía la tía que como no lo iba a dejar, hubiera sido mejor no decirle nada… visto así.

Viendo el escándalo por los que hicieron trampa en el examen de admisión para inscribirse en la UNAM, podría uno concluir que eso en México es rarísimo, que por eso la prensa y la opinión publicada nomás no aflojan con el tema: ¡ya ni la amuelan!

Fue la primera vez que la UNAM hizo el examen en línea y de 158 mil aspirantes, cuando menos la mitad (hay estudios que dicen que el 90%), hizo trampa y obtuvieron calificaciones “atípicas”, esto es, superiores a la medianía habitual. El resultado es que a varios miles se les va a repetir el examen a la antigüita, delante de un cuidador.

Lo que no parece correcto es que se critique a la UNAM, los responsables son los que intentaron hacer trampa. Y no parece creíble que haya tal escándalo: la trampa en México es de lo más normal. Se oye feo, es la verdad.

No estamos hablando del gobierno en ninguna de sus presentaciones, municipal, estatal o federal, no, que de esos todos sabemos que salvo excepciones (excepción es lo que se aparta de lo habitual), su palabra vale lo que la de un vendedor de coches usados. El asunto aquí, es qué tan chueca es la gente, el común de la gente, qué tan tramposo (o ladrón), es el tenochca simplex promedio.

Puede ser que no refleje nuestra realidad el acostumbrado robo tumultuario de mercancías a camiones volcados, la mordida al agente de tránsito o los diablitos en el medidor de la luz (de la electricidad, se entiende), de acuerdo, entonces revisemos cómo anda la cosa en corrupción en general.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), revisó la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2025, que hace el gobierno (el Inegi), y se encontró entre otras cosas con que en ese año, el costo promedio de corrupción por ciudadano alcanzó el nivel más alto en diez años y que el 84% de la población considera que la corrupción es “frecuente o muy frecuente”. Mal andamos.

Pero eso pudieran ser simplonas opiniones de una encuesta que respondieron mexicanos estándar, no muy de fiar, la verdad. Entonces recurramos a algo más sólido: el pago de impuestos.

En México (nada más no lo ande contando), el que paga por gusto, por su propia iniciativa, sus impuestos completos, adquiere fama de ser muy zonzo (se le dice de otra manera, usted la sabe, rima con -dejo). Para tener una idea de si en México se pagan correctamente los impuestos, revisemos la comparación con otros países, del porcentaje que se paga respecto de su producto interno bruto (PIB):

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, datos al año 2024), en Dinamarca se paga de impuestos el 45.2% del PIB, en México, el 18.3% (¡zaz!); de los 38 países que pertenecen a la OCDE, somos el que tiene la más baja recaudación de impuestos (en proporción al PIB, no se le olvide). El promedio de recaudación de impuestos de los países de la OCDE, es el 34.1%.

En septiembre del año pasado, el vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez, presentó un estudio demoledor: solo las “factureras” (‘outsourcing’ chueco), le birlan al fisco el 27% de los ingresos tributarios… casi la tercera parte, solo esas empresas que venden facturas falsas, imagine a cuánto llega sumando lo que escamotea el causante tenochca de banqueta.

Claro que el evasor estándar racionaliza la cosa, no siente que está robando, sino que antes de que el gobierno le robe sus impuestos, se los roba él al gobierno. Si así son las cosas, como país no vamos a ninguna parte.

Ayer se publicó la más reciente encuesta del Banco de México, sobre Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado: el 75% considera que no es un buen momento para invertir en el país, 68% piensan que las cosas van a seguir igual y el 7% opina que van a empeorar; y que las principales barreras para invertir en México, son el crimen, la corrupción, la falta de Estado de derecho (la reforma al Poder Judicial, los Jueces del Bienestar) y la infraestructura insuficiente.

Pero, ¿de verdad somos un país corrupto?… con datos del 2025, según la OCDE somos el más corrupto de esa organización internacional (lugar 38 de 38 países); y según el indicador de ‘Ausencia de Corrupción’ del World Justice Project, que evalúa 139 países, somos el quinto más corrupto (arriba de Uganda, Camerún, Camboya y el Congo). Bonita cosa.

Esto no se arregla clamando por funcionarios públicos más limpios que un pañalito del Niño Jesús. No hay corrupción sin corruptor. Nuestros funcionarios no vienen de un país enemigo, no, nuestros funcionarios salen de la bonita familia mexicana. Estamos como estamos porque somos como somos.

El actual gobierno fue elegido pero ya probó sus negras intenciones, desapareció al Poder Judicial, quiere controlar a la prensa. Van a peor y el país al voladero.

Para entendernos: Brunilda Pomsel (1911-2017), afiliada al partido nazi desde 1933, fue secretaria del  infame brazo derecho de Hitler, Joseph Goebbels, responsable de fomentar el odio a los judíos y su exterminio. Los soviéticos la apresaron y maltrataron cinco años. Regresó a su país, murió a los 106 años. Nunca fue acusada de nada ni juzgada de nada.

Por ahí del 2015, participó en un documental alemán en el que dijo: “No me considero culpable, a no ser que se culpe a todos los alemanes por hacer posible que aquel gobierno llegara al poder”; y agregó una frase espantosa: “No hay justicia, no hay Dios. Pero lo que está claro es que el diablo existe”.

Podemos cambiar la historia, primero en los comicios del 2027, luego en la elección presidencial del 2030. La solución está en nuestras manos.

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