Que más pué…

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Que más pué...
Por Carlos Rafael Coutiño Camacho.
COVID, el gusto por morir.
Esclavitud infantil.
El que por su gusto muere, que lo entierren parado; reza un dicho popular, esto en franca referencia al tema del COVID-19, cuando se ve una actitud neófita de gran parte del pueblo chiapaneco, que se rehúsa a continuar con los protocolos que la Secretaría de Salud federal como estatal están tomando.
El quedarse en casa, no le beneficia económicamente al gobernador Rutilio Escandón, ni al presidente López Obrador, lo que se está pidiendo por ambos, es que se entienda que es la salud la que se está ponderando, una forma de salvaguardar la vida de los chiapanecos en general.
 Sin embargo, el desdén, la estupidez humana, orilla a que muchos se metan a los parques, ríos, espacios públicos cerrados ahora, para evitar contagios; será que cuando se enfermen, dirán es culpa mía y no del gobierno, y será que de ellos salga decir que están dispuestos a no ser atendidos por los médicos.
 El sábado pasado, una persona falleció por ir a nadar a un río a Yajalón, lo mató su imprudencia, no el virus; sin embargo es claro que no debió salir, lo mismo con los pueblos indígenas, donde se hacen fiestas y a pesar de que tiene que ver con un acto religioso, se anticipó la economía, no la fe ni la salud.
 Tanto ha llegado la incredulidad, que hoy nos sentimos dueños de la verdad, cuando en realidad no tenemos la capacidad de poder discernir un tema de salud y menos de lo que implica el coronavirus, que en la vida de los chiapanecos habrían escuchado y muchos sentido en sus cuerpos.
María, una amiga de España me decía, que era increíble que habiendo tantos muertos en su país, la gente terminara por entender demasiado tarde, ella es médica y se siente decepcionada por no poder salvar la vida de sus conciudadanos, pero se vuelve al tema de que hasta que nos pasa, nos damos cuenta de la realidad tan cruel.
Qué hay que hacer para cambiar la cultura de los chiapanecos, cómo hay que hacer para que entendamos, porque pensar solamente en el dinero, cuánto estamos perdiendo, cuánto se está dejando de ganar, y esa desesperación la tienen casi todos los ciudadanos, no importa si se enferman y quizá mueran, primero es el dinero.
 Recuerdo la película “Flores de Abril”, es peculiar porque aunque habla de dos mujeres, puede sintetizarse en las dos partes del pueblo de Chiapas, los que aceptan sin entender y los que no entienden y no quieren aceptar, que las acciones en este caso del gobierno, son por el bien de todos.
 COVID-19, no significa muerte; solo si uno quiere, puede salir a la calle para entonces sí, encontrarse con ella; dónde está el amor al prójimo, a la familia, a la esposa, esposo, padres o hijos, incluso hermanos, que pueden ser presa de la enfermedad y que por su falta de defensas en su organismo, puede conducirlos a la tumba, a una doble tumba, la de quien pierde la batalla y del que lo llevó a ella, por su inconciencia.
ESCLAVITUD INFANTIL
El día Internacional contra la Esclavitud Infantil, a conmemorarse este 16 de abril, lo vivimos en Chiapas, quizá en los 123 municipios, pero se representa con mayor fuerza en algunos municipios, donde la cantidad de personas es mayor; ejemplo los pueblos turísticos, la capital, así como los fronterizos.
 La esclavitud, no es que estén con grilletes en manos y pies, sino la forma en que son tratados por comerciantes, ganaderos, caficultores, por ellos quienes se dicen ser parte de la Iniciativa Privada, aunque también se da dentro de la familia, solo hay que abrir los ojos para verlos.
 En la familia, está claro que los ponen a trabajar, para que el padre por lo general, solo espere acostado en la hamaca, el dinero para la caguama y si es posible para la marihuana; a estos niños se les esclaviza dejando fuera de la educación, salud, de una calidad de vida, para ponerlos a trabajar en cruceros, boleros, viene viene, en donde sea, pero que sirvan a sus progenitores o familiares.
 Lo mismo ocurre en la Iniciativa Privada, de manera amplia se dice que están aprendiendo a ser capaces por sí solos, pero el ser cerillos en las tiendas de autoservicio, no es un regalo, ni una oportunidad, es un trabajo no remunerado y sí explotado, qué decir en otras partes, donde su presencia es semejante al trato de criado, de chalán.
 Pero en el campo no es la excepción, en el corte de café y ahora en el de jocote, sin agua, sin merecer nada, se les hace trabajar a como dé lugar, con frases como si quieres, porque gente hay quien lo haga y por menos dinero, la necesidad los conduce a ello, por desgracia, mientras que nadie voltea a verlos, son invisibles a todos.
 El gobierno de Manuel Velasco, tuvo un reconocimiento en la titularidad de la Secretaría del Trabajo, por decir que ningún niño se encontraba ya en las calles, no fue una burla, fue una condena a que sigan ahí, sumidos en su marginación, al servicio de los poderosos y de los que son parte de la delincuencia organizada.
En este enfoque, en los municipios, se ve a niñas principalmente, siendo parte de la trata, no solo laboral, sino sexual; pero como ya se reconoció a nivel nacional, que Chiapas no tiene este problema, nadie podrá dar atención ni cabida a lo que ellos viven, quien puede señalar a Manuel Velasco, si éste dio mucho dinero para que sea intocable.
  Y luego se preguntan, porque hay niños secuestradores, parte de las células del narco, porque están huyendo del país; precisamente por eso, porque no están aceptando algunos, su situación discriminante, donde el odio, la avaricia, el rechazo social, está explícitamente para ellos.
 El INEGI, habrá de dar cuenta, cuántos de esos niños, no fueron tomados en consideración por el gobierno anterior de Peña Nieto y Manuel Velasco.
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