DE CHILE, MOLE Y MANTECA
Diego Dale y Dale
Pobre presidenta. No le alcanzó el informe
Tantas cosas chingonas que están pasando en México y Claudia Sheinbaum tuvo que dejar algunas fuera ahora que anda de gira por el país contando las maravillas del segundo piso de la transformación, con abucheos incluidos porque el pueblo bueno a veces es medio ingrato.
Creo que alguien debería hacerle un paro y recordarle los logros que se le quedaron en el tintero.
Pero que no se preocupe porque yo sí me acuerdo y no quiero dejar pasar la oportunidad de recordarle, aunque sea unos cuantos, sin importar que me tachen de antimorenista.
La megafarmacia. Esa que costó 17 mil 635 millones de pesos y abrió con menos del uno por ciento de su capacidad. ¡Eso también es transformar! Antes uno iba a una farmacia y esperaba encontrar medicinas. Pinche pensamiento neoliberal. Ahora puedes tener una bodega monumental casi vacía y llamarla éxito.
A mí me parece hasta poético.
También se le pasó contar que mientras miles de chavos se quedan con las ganas de entrar a la universidad, al presupuesto de las universidades le metieron tijera, pero tampoco hay que ser exigentes. ¿Para qué queremos tantos universitarios? Luego aprenden economía, revisan las cuentas y empiezan a hacer preguntas incómodas.
Mejor becados y agradecidos.
Y hablando de cuentas, ahí tenemos otra joyita que vaya usted a saber por qué no mereció fanfarrias. Se trata de la deuda del país, que se duplicó y cada mexicano carga ya con unos 151 mil pesos.
Hasta los recién nacidos.
Imagínese la escena. Sale la criatura, el doctor le da la nalgada, respira, llora y antes de entregársela a la mamá debería decirle “felicidades, señora, fue niño y ya debe 151 mil pesos”.
Y luego está Pemex. Ah, Pemex.
Tres billones de pesos le han metido a ese barril sin fondo y sigue siendo la petrolera más endeudada del mundo. Hay que tener talento para agarrar tres billones y conseguir que el enfermo siga en terapia intensiva. Si Pemex fuera mi compadre, ya le habría quitado la tarjeta, las llaves del coche y hasta el monedero, pero como es patrimonio de todos, pues órale, otra lanita. Total, nosotros pagamos.
Aunque mi parte favorita del informe no fue algo que dijo Sheinbaum, sino algo que no dijo.
Rubén Rocha Moya, el gobernador de Sinaloa que desapareció por arte de magia. ¡Pum! Ni Houdini, compita. Un día eres gobernador, compañero de movimiento y camarada de la transformación; al siguiente llega el informe presidencial y resulta que eres como el tío pedote en la foto de la boda que todos saben que estuvo ahí, pero procuran que no salga pa’ que no vaya a arruinar el recuerdo.
Y entonces uno entiende que el verdadero talento de la 4T no está en gobernar, sino en contar.
Contar becas, contar programas, contar aplausos, contar votos, y cuando las cuentas salen culeras… mejor no contarlas.
LA VISITA
Mi tía Saturnina desconfiaba de los médicos porque decía que todos empezaban preguntando “¿qué siente?” y terminaban diciendo “son dos mil pesos”.
Un día fue al consultorio por un dolor de espalda. El doctor la revisó, le pidió que se inclinara, que levantara los brazos y que respirara profundo. Mi tía obedeció hasta que el hombre le dijo: “Ahora acuéstese boca abajo y trate de relajarse”.
Saturnina volteó a verlo.
“Doctor, tengo sesenta y cuatro años, pero todavía sé distinguir entre consulta y propuesta”.
El médico soltó la risa. “No se preocupe, señora, sólo necesito revisar la columna”.
“Pues avise, porque una ya no está para llevarse sorpresas acostada”.
Terminó la revisión y el doctor le explicó que no tenía nada grave. “Es tensión muscular. Necesita descanso, menos estrés y que su marido le dé masajes todas las noches”.
Mi tía levantó una ceja.
“¿Todas?”.
“Todas”.
“¿Con aceite?”.
“Si quiere”.
“¿Y cuánto tiempo?”.
“Quince o veinte minutos”.
Saturnina sonrió.
“Doctor, ¿eso viene en la receta?”.
“Claro”.
“Perfecto. Porque de palabra ese cabrón no me cree nada”.
