En el hospital
Por Enrique Orozco Gonzalez
Tres recién operados del apéndice convalecían en el tercer piso del hospital. Cada piso con tres salas, cada sala con cuatro cuartos, cada cuarto tenía tres camas.
Las enfermeras los clasificaron así: primera sala, “los coyoludos” (valientes). Segunda sala: “los coyol de agua” (cobardes). Tercera sala: “los paquepicte”, (quejitas).
En el primer cuarto de quejitas en sus respectivas camas. Eneido, lector de la biblia. Eufrosio; mal hablado comerciante ambulante. Enrico, frustrado cantante de ópera, tocayo de Enrico Caruso, tenor italiano.
Había reglas:
Eneido, prohibido rezar en voz alta. Eustolio, prohibido insultar. Enrico, prohibido cantar.
La jefa de enfermeras, siempre de blanco llamada Nieves (Blanca Nieves) les llevó buenas noticias: “deberán fortalecer sus bronquios, de eso depende el regreso a casa”.
Les dieron botellas con agua, un popote y la orden:
—¡Paquepictes, a soplar!
Soplando hacían ruido, igual a una parvada de guajolotes huyendo de la navidad. Todos deseaba abandonar el hospital; por eso, soplaban galán, como el lobo feroz tratando de tirar la casa de los cochinitos.
Otra buena noticia: “tienen dieta a complacencia”, dijo Blanca Nieves:
—Quiero un par de tamales de chipilín —pidió Eneido.
—Yo, chicharrón en salsa verde —dijo Eufrosio.
—¿No quieren una chela? —preguntó burlona la enfermera.
—Enrico, ¿qué querés?
—¿Qué tenés?
—¡Bien contestado! Primero se pregunta; solo hay caldo de pollo, sin sal, sin limón y sin chile.
—¿Lleva pollo?
—Pechuga, sin cuero.
La hora de partir llegó. De la tercia ¿Quién se iría primero? Blanca Nieves dijo:
—Se va quien diga algo que nos obligue a darle calle.
Eneido habló:
—Leeré en voz alta la biblia: antiguo y nuevo testamento.
—Yo —dijo Eufrosio—, les mentaré la madre, aunque sean huérfanos.
Enrico, infló la guanaca y cantó: “La donna e mobile, qual pluma al vento. Muta d’ accento, e di pencieero…”.
¡Qué jodido canta, corran a este güey! —gritaron en bola.
Enrico salió del hospital, más veloz que eructo de Coca Cola.
Glosario:
Quejita.- Quejumbroso, nada le gusta, todo le puede. “solo bravo está contento”.
Chipilín. – Hoja sagrada “nace sola”, la comemos en tamal y también hecho bola en caldo.
Paquepicte.- Por no decir Paquepucta.
Guanaca.- Cuero colgante que se hamaquea debajo de tu carraca.
