ACA ENTRE NOS
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Alejandro Moguel
“No me ayudes compadre”
Quería ayudar, pero hizo lo contrario
Por: Alejandro Moguel
Manuela Obrador no es una ciudadana más. Es delegada en Chiapas de la Secretaría del Bienestar, una dependencia del gobierno federal, pero, además, es prima del ex presidente, Andrés Manuel. Sus declaraciones fueron hechas en una Asamblea Informativa de Morena en Palenque. Eso merecería ser sancionado porque ella es funcionaria pública y nada tenía que hacer en una asamblea partidista, sin importar fuera sábado o domingo. Por todas esas cosas, su comportamiento está regido por las leyes escritas y las no escritas de la política.
Se nota que la señora carece de la más esencial sensibilidad política. En su afán de defender la soberanía de México, habló de más. Sus calificativos de “tirano, misógino y asqueroso”, son realmente impropios de cualquier persona que se dedique a la actividad pública.
Es la antítesis de la política. Grandes pensadores, como Platón y Aristóteles, concebían a la política como una extensión de la ética. Su objetivo, decían, es alcanzar la vida buena y la justicia. Que también busque que el Estado eduque a los ciudadanos para hacerlos mejores. ¿Con ese vocabulario logrará alguien esos objetivos?
No es la primera vez que ella expulsa un glosario de esas magnitudes dañinas a la política, a su partido Morena, o a quien esté en el Ejecutivo federal, emanado de sus siglas. Incluso se ha hecho daño ella misma.
No solo eso, recordemos que en la primera parte del sexenio de López Obrador, Manuela robó una diputación en una circunscripción, reservada para una persona indígena, en Palenque, Chiapas.
Pero es la prima, pues. ¡Qué le vamos a hacer!
