POLÍTICA ANIMAL
Ángel Yuing Sánchez/Chiapas Observa
“Ganamos el partido, pero no ganamos el mundial”
México venció a Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial de Fútbol 2026. Dos goles a cero. Un marcador suficiente para desatar la alegría de millones de aficionados que, por unas horas, decidieron olvidarse de los bloqueos, de las protestas, de las disputas políticas, de los desaparecidos, de las exigencias del magisterio y de los conflictos que siguen recorriendo el país como una sombra persistente.
El balón rodó y el país entero hizo una pausa.
Y está bien.
También necesitamos victorias.
También necesitamos motivos para celebrar.
Pero mientras las tribunas mexicanas festejaban los goles, no pude dejar de pensar en el rival que estaba del otro lado de la cancha.
Sudáfrica llegó al Mundial representando a una de las naciones más importantes del continente africano. Un país que, pese a contar con una de las economías más desarrolladas de África, sigue enfrentando algunos de los desafíos más complejos del planeta: desempleo cercano a una tercera parte de su población económicamente activa, profundas desigualdades sociales, crecimiento económico insuficiente y una enorme vulnerabilidad frente a las tensiones internacionales que sacuden al mundo; pero sobre todo, África nos recuerda un tema delicado en el contexto de la geopolítica que ningún gobierno debe de ignorar, sería irresponsable: la disputa por el control del agua.
Y es que detrás de esos once jugadores vestidos de amarillo no solamente estaba una selección nacional.
Detrás de ellos estaba un continente entero.
Un continente marcado por décadas de conflictos políticos, guerras civiles, disputas por recursos naturales, migraciones forzadas, pobreza estructural y enormes desafíos para alcanzar condiciones mínimas de bienestar para millones de personas.
África sigue siendo el gran partido pendiente de la comunidad internacional.
Y, sin embargo, también es un continente que resiste.
Que produce.
Que innova.
Que se industrializa.
Que busca abrirse paso en medio de una competencia global donde las reglas casi siempre las escriben otros.
Sudáfrica representa precisamente esa contradicción. Es una economía con instituciones relativamente sólidas, con capacidad minera, energética y manufacturera, que lidera procesos de transición hacia energías renovables y que sigue siendo uno de los motores económicos más importantes de África. Pero también es un recordatorio permanente de que el desarrollo económico por sí solo no garantiza justicia social.
Por eso el fútbol tiene algo de espejo.
Los marcadores duran noventa minutos.
Los problemas duran décadas.
México ganó el primer partido del Mundial.
Y eso merece celebrarse.
Pero mientras la pelota sigue rodando, conviene recordar que el verdadero campeonato de las naciones no se juega únicamente en los estadios.
Se juega en la capacidad de generar prosperidad, reducir desigualdades, garantizar oportunidades, construir instituciones fuertes y ofrecer esperanza a las nuevas generaciones.
Porque al final, los mundiales terminan.
Lo que permanece es el lugar que cada país ocupa en la historia. Punto final.
*Por cierto, yo soy Ángel Yuing Sánchez, y aquí sigo, viendo lo que quiero ver, no lo que quieren que vea. Estamos en línea.
