Calalá: danza ancestral de Suchiapa, captada por el INAH en 1964
Marcia Ramos
Entre tambores, máscaras y rituales, el pueblo de Suchiapa revive cada año una de las expresiones culturales más antiguas y enigmáticas de Chiapas: el baile del Calalá, una ceremonia de origen prehispánico que ha perdurado por generaciones y que fue documentada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 1964, convirtiéndose en un valioso testimonio del México ancestral.
Un ritual con raíces indígenas
El Calalá no es simplemente una danza; es un complejo ceremonial con profundas raíces en las tradiciones zoques, quienes habitaron esta región mucho antes de la llegada de los españoles. La palabra “Calalá” proviene del zoque y se traduce como “venado” o “hermano venado”, figura central en la representación ritual que aún se conserva en Suchiapa.
Este ritual se realiza en honor al Corpus Christi, pero integra simbolismos que preceden al cristianismo, mezclando prácticas católicas con mitología indígena. De ahí su carácter sincrético, típico de muchas festividades en Mesoamérica, donde lo sagrado prehispánico se entrelaza con los dogmas traídos por los evangelizadores.
Significado del Calalá
El Calalá simboliza la armonía entre el hombre, la naturaleza y lo divino. El venado representa el alimento, la vida y el equilibrio natural. A lo largo del ritual, se pide por lluvias, cosechas y bienestar colectivo. La danza se convierte en una plegaria en movimiento.
Personajes del Calalá y su representación simbólica
El baile del Calalá no solo es un acto ceremonial, sino también una narración viva en la que cada personaje encarna una fuerza de la naturaleza, una virtud comunitaria o una figura mítica. A través de sus danzas, gestos y trajes, se teje una cosmovisión que integra la vida, la muerte, la fertilidad, la protección y el equilibrio del universo.
El Calalá (el venado sagrado): Es el eje del ritual. Representa al espíritu del monte, la fertilidad, el alimento y la vida. Su figura está ligada al venado que los antiguos zoques consideraban animal totémico y fuente de sustento. El joven elegido porta un traje sencillo de manta blanca o beige, muchas veces con bordados tradicionales. En la cabeza lleva una corona o tocado con flores y una cruz de palma o de madera. Suele portar una cruz de madera en la mano, mezclando elementos cristianos con su identidad prehispánica.
Los Tigres (guardianes del monte): Representan a los felinos sagrados, protectores de la montaña, espíritus que vigilan la pureza de los rituales y castigan a los transgresores. También son vistos como los que “persiguen” al Calalá en una danza de equilibrio entre cazador y presa. Usan trajes hechos con telas o pieles moteadas, imitando el pelaje del jaguar o tigre. Llevan máscaras grandes, muchas veces elaboradas en madera, con expresiones feroces. Algunos portan látigos o garrotes, con los que hacen ruidos para espantar a los “malos espíritus”.
El Gigante (también llamado “Moyón”): Representa una figura caricaturesca del poder, posiblemente un reflejo del encomendero español o una deidad grotesca. Su tamaño exagerado y su andar torpe lo convierten en figura de burla o crítica. Porta una máscara muy grande, con rasgos exagerados (nariz prominente, ojos saltones) y un traje voluminoso. Puede llevar bastón o bastón de mando.
El Tamborero y el Pitero (músicos rituales): Simbolismo: Son los guardianes del ritmo ceremonial. Su música conecta a los danzantes con lo sagrado. El tambor y la flauta (pito) representan la dualidad: tierra y aire.
El Gigantillo: Es una figura complementaria al Gigante, pero con carácter juguetón y más alegre. Representa la infancia o la inocencia traviesa dentro del contexto del ritual. Usa una máscara de rasgos exagerados, aunque más pequeños que la del Gigante. Porta un traje de colores llamativos, muchas veces con cascabeles.
Las Reinitas: Representan la gracia, la fertilidad, la alegría y la renovación de la vida. Se les asocia con flores y aves pequeñas (de ahí el nombre “reinitas”, por las aves cantoras). Las mujeres —o niñas, en la mayoría de las versiones actuales— visten trajes coloridos, con faldas amplias y blusas bordadas. Llevan coronas de flores, cintas y a veces abanicos o pañuelos.
Los Chamulas: Representan a indígenas de los Altos de Chiapas (principalmente del municipio de San Juan Chamula). Su presencia en el ritual tiene un carácter de crítica social, a veces cargado de burla o sátira hacia estereotipos o relaciones interétnicas. Usan trajes típicos de los Altos de Chiapas, como chamarras de lana, sombreros, cintas y morrales. A menudo exageran el acento o las costumbres en su representación.
El baile del Calalá no es un evento aislado, sino una serie de etapas que inician desde días antes del Corpus Christi:
La elección del Calalá: se escoge al joven que representará al venado. Su papel es sagrado y requiere preparación espiritual.
Los rezos y limpias: actos previos para proteger a los danzantes y garantizar el buen desarrollo del rito.
El recorrido y la danza: el Calalá recorre las calles del pueblo, acompañado de música tradicional, portando una cruz y siendo saludado por los fieles. La danza culmina en la iglesia, donde se presenta ante el Santísimo.
El sacrificio simbólico: en algunas versiones antiguas, se simulaba la muerte del venado como ofrenda, aunque actualmente esta parte se ha adaptado a una representación más simbólica.
La entrega de ofrendas: tamales, bebidas y flores se ofrecen en señal de gratitud y petición de favores divinos.
Documentación del INAH: testimonio histórico en video
En 1964, un equipo del INAH viajó a Suchiapa para documentar este baile. El resultado fue un corto etnográfico en video que se ha convertido en pieza clave para la preservación del patrimonio inmaterial de México.
Este registro audiovisual, realizado en celuloide y con narración explicativa, muestra a detalle los movimientos de los danzantes, sus atuendos, máscaras y la interacción con la comunidad. Fue parte del esfuerzo nacional por rescatar las tradiciones indígenas en riesgo de desaparecer en un siglo marcado por la modernización.
Hoy en día, este video forma parte del Archivo Etnográfico Audiovisual del INAH y ha sido restaurado digitalmente para su consulta en línea y en centros de investigación. La cinta no solo documenta el ritual, sino que captura una época en la que muchas de estas tradiciones se transmitían únicamente de forma oral.
El Calalá ha sido reconocido como parte del patrimonio cultural intangible de Chiapas, y su preservación es un ejemplo de cómo las comunidades pueden mantener vivas sus raíces a través de la memoria colectiva, la participación comunitaria y el orgullo por su herencia.
