Xóchitl Rueda Tercero, confiesa su vida en una canción

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Carlos Morán

Xóchitl Rueda nació para cantar, se dejó llevar por su pasión, siempre segura que el amor nos salva de cualquier adversidad y finalmente logró triunfar, fertilizando su futuro con confianza.

Su historia merece contarse con justicia y sin censura, así que digamos que nació hace 50 años y, siendo niña, cantaba y cantaba.

A esa edad ella no sabía que el arte es el único lenguaje capaz de ser comprendido por cualquiera y en cualquier rincón del mundo así que…

En el kínder participaba en todos los eventos y cuando no me tomaban en cuenta, yo inventaba algo para participar; recuerdo que un 10 de mayo ya habían elegido a todo el elenco para el festival y yo no estaba en el carnet.
Ese pequeño detalle la hizo llorar, llegó a casa decepcionada, pero mujer al fin que, al día siguiente llegó al ITAC, estaba en tercero de kínder y le dijo a la monja, a la coordinadora del kínder:

Yo me sé una canción, madre. Y la monja le preguntó qué canción. Rafaela Carrá tenía un éxito que ella comenzó a cantar: “Mamá dame cien pesitos porque América me voy, que sí, que no”.

Y también sé patinar, madre, pues en esa época acaban de abrir Teco Patín. Palabras más palabras menos, tras decirle a la reverenda que deseaba participar, preparó su número musical y debutó el 10 de mayo. Ya era una niña aspiracional que lograba lo que se proponía.

Nadie se hubiera imaginado que esa actuación, la forma en cómo consiguió participar, la puesta en escena de una niña con carácter y amor por la música, estaba anunciando que el canto sería el instrumento que la salvaría.

Al terminar el bachillerato, todos los estudios realizados con las Siervas de Jesús Sacramentado, viaja a la capital chiapaneca para estudiar en el Tecnológico de Tuxtla, ingeniería en sistemas computacionales, pero extrañaba su casa, añoraba Tapachula, que regresa a su tierra natal.

La decisión de volver, inscribirse en el Instituto Tecnológico de Tapachula y estudiar informática, le cambia la vida para siempre. Ahí conoce a Juan Carlos Cordero Estrada, un estudiante con quien caminaría la aventura más larga de toda su existencia.

Ingresa a la catafixia del amor y el amor da frutos, se casa y le pone pausa a la ingeniería en 8vo semestre. Se arrepintió, pero la responsabilidad surgió, así que todo sucedió de prisa: una boda y la llegada de su primera hija.

Durante muchos años lamenté mi error, porque me hubiera casado con el mismo hombre y él también, pero debíamos haberlo hecho en su tiempo, así que esta lección me ha servido como catecismo para decirle a mis hijas: “no cometas el mismo error de tu madre”.

Nuestros padres nos apoyaron, mi papá es contador público, mis suegros dedicados a la docencia, así que Juan Carlos termina la carrera, realiza una maestría y tenemos dos hijas: Jimena y Emilia, mi primera hija es médico y Emilia este año se realiza como licenciada en gastronomía.

Xóchitl Rueda, nuestra entrevistada de Diario del Sur, es una mujer que usó todos los talentos con los que llegó al mundo como instrumento para que su existencia tuviera más motivos que ser madre y esposa. Ella también deseaba realizarse para aplacar los fantasmas de una universidad trunca y, por supuesto, triunfar, que su nombre fuera grande.

Ella no corrió tras lo superfluo, sino en busca del arte, de la canción, cantar era su escape, ante todo, compensarse con todo lo que puede aspirar un ser humano: cantar profesionalmente.

Xóchitl es una artista no solo del canto y de la música, sino del arte, la pintura y esto la lleva a convertirse en una maquillista profesional, tomando cursos con Javier de la Rosa, Alfonso Waithsman y Cristina Cuellar.

Ella es una mujer legítima, sabía que el arte nos une, nos humaniza, porque ahí se encuentra la verdadera esencia que a veces perdemos de vista por otras banalidades, así que la oportunidad llegó un día, sin saber que trascendería.

Pero la historia de por qué y en qué momento decide usar su voz para cantar inicia hace muchos años. A pesar de que sus amigas y personas que no la conocen le alaban su voz, ella no se marea y tampoco se cree lo de “gran cantante”, pero siempre confió en su padre, que le decía: “estudia, vocaliza, estudia canto”, y le respondía: “pero papá, Vicente Fernández no tomó clases de canto”.

Sucede que en el año 2012 había un bar que se llamaba “4 Grados”. Esta empresa dedicada a la diversión lanzó una convocatoria, un concurso de canto, y sus amigos la animaron para que se inscribiera y participara en un certamen al que ella no le daba importancia.

-Éramos 70 participantes de toda la región y, en su momento, desconocía si había algún premio, así que solo participé.-

En la tercera ronda, tras dos eliminatorias, anuncian el premio: un viaje a Europa (Francia, España e Inglaterra), todo pagado para dos personas. Eran 17 días de paseo, diversión y, desde luego, de cultura.

Xóchitl Rueda sale victoriosa y gana el concurso. No podía creer que entre 70 voces, la suya era la mejor y, lo mejor, el premio.

-Nos vamos mi esposo y yo 17 días a Europa, nos regalamos la luna de miel que no habíamos tenido.-

-Siempre había sentido que, a diferencia de mi única hermana, que terminó la carrera, se graduó y realizó una maestría, yo nunca había ganado nada. Creía que mi papá no se sentía orgulloso de mí, así que cuando anunciaron que yo era la ganadora del concurso, salí corriendo a la calle, le llamé y le dije: “gané”.-

Su padre anunciaba orgulloso que su hija se iba a Europa porque había ganado el concurso de canto, y ese viaje maravilloso de 17 días borró todas las deudas y los agravios que se debían.

Poco antes de iniciar la histórica pandemia de COVID-19, Xóchitl Rueda Tercero ya cantaba; su nombre ya se comentaba en el ambiente de la música y en las mesas de muchas casas.

Sobre la 17 Oriente abrió sus puertas un restaurante que se llamaba La Dolores.

-Ahí comencé cantando con pista-. Lanzaron la publicidad de que Xóchitl Rueda cantaría y La Dolores se llenó…

Ahí empieza Xóchitl Rueda a cantar profesionalmente; su voz ya se cotizaba. Gracias a su carácter liviano, forma un grupo con el maestro Carlos Gutiérrez, Mike Zermeño (quien la descubre), el bajista Israel y nuestra entrevistada.

Tequila, Sal y Pasión and Lemon” es el nombre de la banda, un cuarteto integrado por tres hombres con talento y una mujer que nació para cantar.

Comenzó cantando con pistas hasta que su mentor le dijo: “tú debes cantar con música en vivo”, volviéndose las puestas en escena más luminosas y brillantes.

Xóchitl no solo se distingue como intérprete, es una artista reconocida de música versátil. Aunque comenzó cantando música vernácula acompañada con mariachi, inició con lo más fuerte. Hoy interpreta y canta de todo; ella y su grupo amenizan fiestas y siempre cuida el lugar donde cantará porque, aunque su esposo la acompaña, como mujer responsable procura que sus actuaciones sean en espacios y con público sano.

“Tu esposo es tu fan número uno, amamos cómo te ve”, le dicen personas que se acercan y admiran a Xóchitl cuando ella canta.

Intentó terminar la ingeniería que cursaba, pero los tiempos no se acomodaron, además de que se casó y debía apoyar para que su esposo terminara la carrera. Reconoce que un director del ITT la llamó y, con absoluto paternalismo, le dijo: “termina la carrera, hija”.

Xóchitl tiene la misma chispa de niña. Joven y ahora en edad madura sigue siendo inquieta; le gusta innovar, que cada actuación y cada maquillaje sean perfectos, porque ella es una mujer auténtica que canta, maquilla, apuntala un hogar, guía a dos hijas y sigue siendo la misma mujer universal, expresiva y que demuestra que es feliz.

-Amo a la Xóchitl en todas sus versiones, esta vida que me ha tocado vivir ha sido la mejor. Haber dejado mi carrera me premió con una hija extraordinaria, hoy doctora, y el resto tal vez es la misión con la que nací.-

Tequila, Sal y Pasión and Lemon. -Éramos tres, pero al ingresar el último integrante del grupo le pusimos Lemon; obviamente yo soy el tequila, me gusta el tequila, Sal es el baterista Miguel y la Pasión es el gran maestro Carlos Gutiérrez.-

Dicen que nadie nace con una técnica vocal; Xóchitl Rueda Tercero nació con buena voz, solo tuvo que educarla y, claro, su sencillez la llevó a aprender de sus amigos músicos y colegas, porque la quieren, se da a querer…

-Soy hija de Jorge Rueda Mora, contador público y quien hace tres años y meses falleció. Mi madre es Xóchitl Tercero Egremi, tengo una hermana mayor, Claudia, con quien creo que en otra vida fuimos gemelas.-

Nuestra entrevistada, Xóchitl Rueda Tercero, ha hecho camino al andar; su espíritu musical nació con ella. Xóchitl está trascendiendo en el terreno del arte y del canto.

Hoy no podemos hacer otra cosa que reconocerla y felicitarnos por tener en Tapachula a una gran artista, intérprete y cantante que nos regala su talento.

Xóchitl es una de tantas mujeres que está bien posicionada en el ambiente de la música, una mujer a quien la música y su voz empoderaron, distinguiéndose de muchas que aún no escuchan la voz interior para cultivar el talento.

Como tapachultecos debemos sentirnos orgullosos de tener a una mujer y una voz valiosa, una mujer que sin duda será recordada siempre por su valentía y carácter. Tiene mucho camino por recorrer y, aunque tiene 50 años, seguirá cantando con el mismo espíritu juvenil.

Treinta años después me encuentro con Xóchitl, es la misma jovencita que vi en las fiestas de su generación; hoy, más mujer, completamente segura, y le pregunto: ¿eres feliz?… -¡Por supuesto que sí!-, y cerramos lo de hoy.

morancarlos.escobar1958@gmail.com

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