Luce muy deteriorado el teatro Emilio Rabasa en Tuxtla Gutiérrez.
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Alerta Chiapas
Este recinto con escasas 4 décadas sufre por el abandono. El paso del tiempo ya no es discreto, se nota en su fachada, techo, muros y en la humedad que avanza dejando su huella.
Hay edificios que nacen con vocación de memoria y otros que con el paso del tiempo, terminan convertidos en testigos del olvido.
En 1983, el lente del fotógrafo Julius Shulman capturó un instante preciso: un teatro joven, imponente, casi perfecto. El entonces recién inaugurado Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa aparecía como símbolo de modernidad en el sureste mexicano.
Hoy esa imagen parece lejana. El paso del tiempo ya no es discreto. Se nota su fachada, techo y muros y se respira en la humedad que avanza.
Diseñado por el arquitecto Abraham Zabludowsky, y construido entre 1977 y 1982, este espacio fue concebido como un punto de encuentro para el arte: teatro, música, danza, cine. Un recinto que abrió sus puertas el 20 de noviembre de 1982 marcando el inicio de una historia cultural que parecía prometedora.
Pero hay silencios que pesan más que cualquier aplauso. Las marcas del tiempo ya comienzan a dibujar otra narrativa, la del abandono progresivo. Las fotografías de Shulman mostraban un edificio vivo, en diálogo con su gente. Hoy, ese diálogo se ha ido apagando.
En Tuxtla Gutiérrez, el teatro no solo es concreto y diseño, es memoria colectiva y su deterioro no es únicamente físico, también es simbólico. Porque cuando un espacio cultural se desvanece lo que realmente se pierde es la posibilidad de seguir contando historias.
