Código Nucú

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César Trujillo

 

Los Negritos de Yajalón

 Mi padre fue Negrito. Con una capa corta color celeste, que se colocaba desde el 27 de septiembre (día en que bajan a la virgen del Rosario de su altar para vestirla con el traje que portará durante toda su festividad), recorría Yajalón junto a otros Negritos para venerarla.

Durante días, los fieles absorbidos por la fe se ocupaban de los festejos de casa en casa. Los cantos para anunciar la llegada en cada hogar propuesto por la Congregación (grupo encargado de organizar los pormenores de la celebración) eran el augurio de una fiesta que, por lo general, se extendía al amanecer.

A los cantos, le seguían la comida y bebida: chanfaina, arroz, caldos, tamales, ponche (con o sin piquete), pan de yema, chocolate, café, galletas, aguas frescas y el comiteco inundaban los paladares. En ocasiones, daban vasitos con vino San Jorge y hasta rompope.

A eso se le sumaban los grupos musicales donde, noche a noche, de barrio en barrio, los Negritos acudían al jolgorio y sacaban brillo a las pistas con sus parejas, o bien, ya absorbidos por el espíritu del comiteco, embebidos en la transformación del “balché”, daban vueltas solitos entre risas aplausos de los demás.

Mi abuelo nos contó que las fiestas eran una tradición centenaria. Nació tras una peste que había arrasado la zona. Los municipios de Chilón y Yajalón, en aquel tiempo, fueron asolados por la muerte: uno a uno se iban yendo los conocidos y amigos de infancia, y no había poder alguno que acabara con ello, nos dijo una tarde que esperábamos el rezo.

Fue Chilón quien se hizo de un santo al que se le atribuían milagros sobre la enfermedad. La fe del pueblo se centró en pedir que éste acabara con el mal. Los habitantes depositaron sus plegarias y la peste cedió. Milagrosamente todo se detuvo. La algarabía se hizo manifiesta. “El amor y bondad de San Juan Nepomuceno los había salvado”, nos dijo.

A Yajalón llegó el rumor del milagro de San Juan. La peste no daba tregua a nadie. Sin pensarlo, los fieles hicieron lo mismo. La virgen del Rosario fue elegida para acabar con esa maldición que se había llevado a decenas de pobladores y que los quemaba desde dentro.

Es así como cada 28 de septiembre arranca la novena de la virgen que culmina el 6 de octubre. Nueve días de rezos en nueve casas diferentes; nueve familias que se sienten honradas de servir y agradecer por todo lo recibido.

Sin embargo, uno de los días más esperados es el 5 de octubre. Desde la madrugada los Negritos acuden a la Corrida de Gallo: cantos, música de mariachi, arreglos florales y cohetes estructuran un encuentro en honor a la virgen en el atrio de la iglesia. Es, también, el anuncio de la salida de los diablos y muertes que nos recuerdan el pasado.

Desde las 12 del día, niños, jóvenes y adultos acuden a un espacio designado para el Paseo de los Negritos. Con antelación, los que anhelan participar se anotan en una lista con la vestimenta a usar y reciben un pase para controlar el ingreso. Así, los Negritos conmemoran a los muertos de esa peste.

Los diablos simbolizan al mal, a la enfermedad que llegó susurrando miedos, que se metió y quemó los cuerpos poco a poco, y que empezó a robar el alma de muchos yajalontecos. Las muertes, las víctimas de ese mal: aquellas que se durmieron en los sueños y nunca regresaron.

A la fecha se han ido incrementando los tipos de trajes. Podemos ver payasos, políticos, brujas y otros más que recorren, durante poco más de dos horas y media, las principales calles del municipio.

Los podemos ver con sus disfraces detenerse en cada esquina y bailar al ritmo de la tambora y la marimba sin importar, incluso, que la lluvia caiga como respuesta ante el mal: “es la señal de que la vida sigue después de cualquier pandemia”, recordaba el abuelo.

En ese recorrido algunas muertes y diablos portan varas o cinturones. Carrerean a niños y jóvenes que los azuzan, y al ser alcanzados son azotados como muestra del mal que, al apoderarse de los cuerpos, también los azota con toda su ira.

Al terminar, quienes portaban los trajes regresan al espacio de donde salieron. Retornan con júbilo y bajo el misticismo que los acompañó durante el recorrido se despojan del traje. Se les ve salir con mochilas o bolsas en la que esconden la identidad que guardan celosamente hasta el 10 de octubre en donde vuelven a salir (aquí participan menos).

En esa fecha el sitio de encuentro es el parque central. Ahí bailan, cantan y se muestran agradecidos por un año más de paz. Es el cierre de los festejos a la virgen y la elección de la nueva Congregación: aquellos hombres y mujeres que tendrán sobre sus hombros los festejos del año venidero, que pondrán sus casas, que buscarán patrocinios y que harán que este festejo se mantenga.

Sí, mi padre fue Negrito. La casa en el barrio Linda Vista, el centro de fiestas para conmemorar a la virgen a las que mis padres y hermanos veneran. Yo también bailé disfrazado: siempre con la máscara de diablo (fue la herencia que elegí) que aún guardo y usé hasta el 2003 (fecha última de haber arribado a la festividad del pueblo).

Sí, mi padre fue Negrito. Lo acompañábamos, incluso, cada 16 de mayo a Chilón donde los otros Negritos, los de San Juan Nepomuceno, portaban capas cortas color naranja. Pude bailar con las señoritas de ambos pueblos, quemar mi lengua con el calor del comiteco y desandar madrugadas con los amigos bajo el pretexto de esa fe heredada.

Así, cada octubre se recuerda a los muertos de la peste en Yajalón y todos somos, en el fondo, Negritos: espíritus a los que les quemó el alma la enfermedad, los que consumió la fiebre, los que devoró la noche, aquellos que danzan y bailan para que nunca se olviden las desgracias; esos que ven llover sobre sus trajes y se purifican y embriagan en honor de estar vivos.

 

#Manjar Durante años, como escribí hace varias columnas atrás, los presidentes municipales de sexenios anteriores mal acostumbraron a los ejidos y comunidades a entregarles recursos en efectivo para las obras. Con el Copladem, por ejemplo. Lo hicieron sin entender lo que estaban creando y lo que a futuro (hoy nos alcanzó) se daría. De ahí deriva el descontento de varios que atentan contra la vida de hombres y mujeres que están al frente de algún ayuntamiento, que no les importa y que justifican con “falsas promesas de campaña” los actos bélicos que muestran la brutalidad. Si bien la clase política, durante años, se ha encargado de defraudarnos y ridiculizarnos con muchos de sus actos (Pichucalco es ejemplo internacional de ello a la mano) y de vulnerar nuestros derechos, no podemos, por ningún motivo, convertirnos en lo que odiamos y condenamos: ser partícipes de la violencia, la barbarie y regresar al ojo por ojo de siglos atrás. Seguiré creyendo, no me importa lo que otros digan, en que somos más los buenos, los que queremos un México mejor. #OptimistaEmpedernido // “El hombre es la única criatura que se niega a ser quien es”. Albert Camus. #LaFrase // La recomendación de hoy es el libro La noche de Ángeles de Ignacio Solares y el disco de I’m Your Man de Leonard Cohen. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor qué hacer, póngase a leer.

* Miembro de la Asociación de Columnistas Chiapanecos.

* Delegado en Chiapas del Sindicato Nacional de Redactores  de la Prensa.

Contacto directo al 961-167-8136

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