LA FERIA
SR. LÓPEZ
¡El que sigue!
De repente, la familia materno-toluqueña, supo que la prima Adriana ya vivía en Irlanda, en un internado de monjitas que la regresaron varios años después, muerta de frío. Ya grandes los dos, este menda le preguntó por qué sus papás la mandaron: -Me vieron muy amigable con Pepe -ese, el más impresentable primo que tenerse pueda. Hicieron bien.
Desde 1933, México estrena proyecto de desarrollo, cada seis años; fue con Lázaro Cárdenas y su Plan Sexenal. Se nos hizo manía, ahora estamos con el Plan México, de doña Sheinbaum, para el periodo 2024-2030 (publicado en abril del 2025).
Pero eso no explica nuestro continuo comenzar y recomenzar, andar y desandar lo andado, con un desarrollo nacional intermitente que arranca, frena, cambia de curso y se extravía.
Lo explica que no tenemos un proyecto de nación y así, reinventando el país de tanto en tanto, el progreso es sueño y el crecimiento, mediocre; se avanza, claro, por la fuerza de la inercia y el esfuerzo de unos cuantos, pero como nación, naufragamos en la medianía.
A brocha gorda, México ha tenido nueve proyectos de nación. Al independizarnos fuimos monarquía, de 1821 a 1823. Luego, república federal. Regresamos a ser monarquía, el Segundo Imperio Mexicano (1864-1867). Se volvió a ser república federal, ya contra la religión. Y nuevo proyecto: el porfirismo, dejar los papelotes como estaban y en los hechos ser república centralista, cordial con la iglesia. Luego la guerra civil que llaman revolución que impuso su propio proyecto de nación con golpes de timón sexenales. Van seis.
El séptimo proyecto de nación se hizo paso a pasito, se inició con de la Madrid en 1982, lo cuajó Salinas en 1992 con el TLC y Zedillo lo consumó al entregar el poder en el 2000 y estrenamos nuestro octavo proyecto de nación con el país plenamente integrado a la economía global, con vida democrática real y controles al gobierno. Poco nos duró el gusto, en 2018 llegó el noveno proyecto de nación, la transformación cuatrotera.
Buenos o malos los nueve proyectos así no se puede. Es como construir una casa cambiando planos cada mes. Nomás no sale… bueno, sí sale un adefesio.
Habrá quien piense que los tiempos cambian, que es capacidad de adaptación ante adversidades. Puede ser, veamos algunos ejemplos de otras naciones:
El primer emperador de China, Qin Shi Huang, implantó un proyecto de nación que duró 2,170 añitos (del 221 a.C. a 1949), y China consiguió logros que aun asombran al mundo, con un solo proyecto, el gobierno imperial.
La Roma clásica, con un proyecto conquistador, duró 503 años y al caer el Imperio romano de Occidente, Constantino ya estaba fundando el de Oriente, el Bizantino, que desde Constantinopla reinó mil años. Nada mal.
Los ingleses en 1215 limitaron el poder absoluto del rey y en 1688 implantaron su proyecto de nación con derechos individuales, debido proceso y el parlamentarismo, simiente de su democracia que ha cumplido ya 338 años, con 811 años ininterrumpidos de Estado de derecho.
Los EUA desde su fundación en 1776, ha tenido un solo proyecto de nación, ni le digo cuál, está a la vista. Ya lleva 250 años. Un solo proyecto, gobiernen tirios o troyanos. Su nación está para lo que ellos creen que está y lo han logrado.
A México le ha fallado su clase política. Necesitamos un proyecto de nación, que los políticos dejen de tontear, que lo sostengan, que lo sigan. La pregunta es si debemos buscar el proyecto número 10 o si le seguimos con los cuatroteros.
Vamos a suponer que la presidenta Sheinbaum asume sus responsabilidades y actúa sin piedad contra sus compañeros de andanzas, partido y gobierno, corruptos y cómplices del crimen organizado, y echa abajo las reformas marrulleras con que nos quitaron órganos de control y Poder Judicial, supongamos. Bueno, aun así, no deben seguir en el poder.
No es fanatismo anti 4T ni derechismo ‘facho’, no, es la evidencia de lo que pasó el viernes pasado en Washington: la OEA (Organización de los Estados Americanos), emitió una resolución sobre la situación que priva en Nicaragua, en manos del dictador Daniel Ortega y su esposa, criminales los dos.
La resolución exige a Nicaragua liberar presos políticos, devolver la nacionalidad y sus bienes a los que persigue, divulgar el paradero de los desaparecidos, otras cosas y la celebración de elecciones libres (Ortega las canceló para siempre).
Nuestro gobierno rechazó la resolución y se opuso, alegando “respeto a la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención”. Solo esto los pinta de cuerpo entero.
La OEA no dictó nada en contra de Ortega y su bruja, no amenazó con invasión militar. Pide lo obvio, algo a lo que nadie con un rastro de decencia se puede oponer. Nuestro gobierno sí.
Igual no faltará quien justifique esta barbajanada. Está bien, cada cabeza es un mundo y algunas no tienen materia gris sino fecal. Pero aun esos pueden recapacitar ante una monstruosidad: el viernes se informó que murieron otros tres bebés, ahora en el IMSS de Jalisco, aparte de los cinco nenes que murieron en el IMSS de Durango. Ocho familias destrozadas por una tragedia que no debió suceder, por algo del todo evitable. Van a investigar “hasta sus últimas consecuencias”, pero el tal Zoé Robledo, tan campante en su cargo de director General del IMSS. Infamia. Impunidad. Se necesita ser un monstruo para no cimbrarse ante algo como esto, teniendo la responsabilidad. Y no pasa nada.
Qué se puede esperar de un régimen como este: en el sexenio pasado, por retrasos en la entrega de quimioterapias y medicamentos oncológicos, murieron entre 1,600 y 3,000 niños (no hay manera de saber la cifra exacta). Y el responsable UNO de este inmenso crimen, el Pejestorio, tan fresco y bien arropado por doña Sheinbaum.
El proyecto de nación cuatrotero es muchas cosas erradas y mal intencionadas pero destaca por su crueldad y cinismo. Presidenta, a usted que le gusta la historia, no se le olvide que este pueblo ya ha desechado antes otros proyectos de nación… ¡el que sigue!
