PALABRAS CLARAS

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Silvano Bautista Ibarias

El “Tapana” y su cochinero (basurero”.

Dice un dicho que más pronto cae un hablador que un cojo y es precisamente lo que le pasó a Carlos Cruz, alcalde de Copainalá, quien en campaña subió a sus redes un video en donde muestra su indignación por el basurero a cielo abierto en las afueras de la cabecera municipal. Próximo a cumplir dos años frente al ayuntamiento, y pese a su afán de reelegirse en el cargo, esta promesa, al igual que otras, han quedado al aire y no se han cumplido, mientras el basurero en cuestión sigue generando problemas de insalubridad.

Es una pena que el edil haya engañado a los pobladores de Copainalá, que desde hace años por la irresponsabilidad de otros alcaldes vienen sufriendo esta situación

La existencia y permanencia de un basurero a cielo abierto en el municipio de Copainalá, Chiapas, no puede seguir siendo tratada como un “problema de herencia” o una limitante presupuestal; representa una omisión sistemática y una negligencia administrativa por parte del Ayuntamiento, explica el analista Antonio Arévalo. Éste, exponen los argumentos que desmenuzan esta falta de acción institucional bajo una óptica legal, ambiental y ética.

Incumplimiento del Mandato Constitucional (El vacío de autoridad) El artículo 115 constitucional es taxativo: la disposición final de los residuos sólidos urbanos es una competencia exclusiva e irrenunciable de los municipios.

Cuando el Ayuntamiento de Copainalá permite la operación continua de un tiradero a cielo abierto, incurre en un incumplimiento directo de sus facultades legales. No se trata de falta de recursos; se trata de una falta de priorización de la agenda pública. Mantener un sitio en condiciones de ilegalidad frente a la NOM-083-SEMARNAT-2003 expone a la administración local a responsabilidades tanto administrativas como penales por la afectación a los recursos de la nación y el Estado.

Indiferencia ante la Vulnerabilidad Social y de Salud. La negligencia municipal adquiere un carácter ético alarmante al analizar el impacto en la salud de las comunidades periféricas de Copainalá. Un basurero a cielo abierto no es un espacio aislado; es un emisor constante de vectores de enfermedades (dengue, infecciones respiratorias y dermatológicas) y gases tóxicos por quemas clandestinas.

El Ayuntamiento, al posponer el saneamiento y clausura del sitio, ejerce una violencia ambiental pasiva contra su propia población, vulnerando el derecho humano a un medio ambiente sano plasmado en el Artículo 4° constitucional. La inacción gubernamental se traduce, directamente, en costos de salud que terminan pagando las familias más vulnerables del municipio.

Ecocidio Técnico: El Daño Irreversible a la Región Mezcalapa. Copainalá posee una riqueza orográfica e hidrológica propia de la región de los bosques de Chiapas. Permitir que los lixiviados (el “jugo” tóxico de la basura) se infiltren día con día en el subsuelo sin una barrera técnica (geomembrana) constituye un ecocidio por omisión.

Las autoridades municipales han ignorado las alertas técnicas que indican la contaminación latente de mantos acuíferos que alimentan a los pozos locales y ríos de la cuenca. Esta ceguera institucional compromete el agua de las futuras generaciones de copainaltecos en aras de evitar el costo político y financiero de un proyecto de ingeniería ambiental serio.

La Falacia de la “Falta de Presupuesto”. El argumento municipal clásico para justificar los tiraderos a cielo abierto es la escasez de recursos económicos. Sin embargo, en la gestión pública moderna, esto es insostenible. Existen mecanismos de financiamiento federal, fondos estatales (a través de la SEMAHN) y programas de coinversión intermunicipal.

La verdadera carencia en el Ayuntamiento de Copainalá no es financiera, sino de capacidad técnica de gestión y voluntad política. Prefieren destinar el gasto público a obras de relumbrón a corto plazo y alta visibilidad electoral, en lugar de enterrar el dinero literalmente, con ingeniería civil en un proyecto de saneamiento que no genera votos, pero que salva vidas y ecosistemas.

La postura del Ayuntamiento de Copainalá frente a su basurero a cielo abierto no es de incapacidad, sino de complicidad por omisión. Continuar ignorando la normativa ambiental mexicana ya no es una opción viable en 2026.

La administración municipal actual debe entender que la clausura y remediación de este pasivo ambiental no es un lujo ni una obra opcional; es una obligación legal y una deuda moral con la salud pública y el patrimonio natural de la cultura Zoque de Chiapas. Cada día que pasa con el tiradero abierto, la negligencia se agrava y la factura ambiental para el municipio se vuelve más costosa e irreversible.

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